En la madrugada, cuando algunos rayos de luz entraban por las ventanas del templo, Anamaria ya estaba lista para presentarse frente a los dioses aunque, mientras caminaba hacia la asamblea, se sentía un tanto extraña, como si lo que estaba a punto de hacer no era la decisión correcta, claro esta que no tenía otra opción.
Ya enfrente de los dioses, vistiendo su armadura de plata con toques de color rojo escarlata, la chica estaba aún más nerviosa de lo que se imaginaba, sentir la presencia de los tres dioses era... abrumadora.
- ¿Esa es tu guerrera? - Preguntó por lo bajo, con un toque de burla, el Dios Takeshi.
- Me parece muy tierna y blanda como para que "resuelva" nuestro problema. - Dijo la Diosa Takako algo escéptica.
- No la subestimen, puede parecer débil pero es una bestia, al igual que su madre. -
- No lo se, creo que deberíamos enviar a alguien más. -
- Yo dije que ella va a ser la guerrera enviada por los dioses y lo va a ser. - Dijo el Dios Daichi ya un tanto molesto.
- Como digas. - Dijeron al unísono Takeshi y Takako.
En ese momento todos los dioses se levantaron, pusieron su mano derecha frente a la chica, mirándola por lo alto todos dijeron al unísono.
-Con los poderes que se nos han otorgado te mandamos a la Tierra, zona de caos y de guerra. - Y con eso, Ana en un halo de luz blanca, fue enviada a la Tierra.
Después de unos segundos, Anamaria ya estaba en la Tierra, en una especie de ciudad totalmente destruida.
- ¿Donde estoy? - Preguntó mientras el halo de luz se desvanecía. - Esta ciudad... esta horrible. - El silencio era tanto que al momento de dar un paso, este se escuchaba por toda la ciudad, además los edificios se derrumbaban poco a poco con cada fragmento de sonido.
- Oh no «No puedo caminar tranquila ni hacer ruido... No me queda de otra.», pensó Ana mientras que de su espalda empezaron a salir un par de alas de ángel, con la diferencia de que estas eran negras. Con ellas se elevó del suelo pero lo que ella no sabía era que alguien la estaba vigilando.
Mientras que Anamaria examinaba el lugar, algo llamó su atención, era un chico de cabello negro con toques morados, algo largo para un chico, con ropas oscuras algo rasgadas y unos ojos rojos que conectaban con los de ella. Él la miraba fijamente haciendo que ella se estremeciera con cada segundo que pasaba, quedaron en una especie de trance mientras que, inconscientemente, se acercaban el uno al otro, el chico tenía algo que le llamaba la atención pero no sabia el que. Cuando estuvieron cerca, reaccionaron, él saco un cuchillo de supervivencia y ella su hacha, Ana tuvo que bajar al suelo y desaparecer sus alas para poder manejar el arma, desgraciadamente fue muy lenta y el chico ya tenia el cuchillo rozando la garganta de ella.
- No te muevas o esto no saldrá bien para ti. - Ella quedo en silencio mientras lo observa con impotencia. - Muy bien, ahora suelta el arma. - Dijo suavemente en el oído de ella. Ana obedeció y desapareció el hacha.
- ¿Quién eres? - Aunque estaba asustada, eso no le impidió hablar con firmeza, jamás tuvo que tratar con alguien que no fuera Kenji o los dioses, estaba pasando todo muy rápido y no podía asimilarlo todo de golpe.
En ese momento empezó a llover haciendo que ambos se distrajeran, para Ana la lluvia no era algo muy común en donde ella vivía pero para el chico era algo nostálgico.
- Me llamo Neox. - Diciendo esto el chico aparto el cuchillo del cuello de ella y desapareció entre la oscuridad y la lluvia, dejando así a una chica muy confundida.
Segundo capítulo, espero les haya gustado
Anamaria Darkness
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